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Probióticos ¿Cómo funcionan?

El consumo de probióticos ha sido una tendencia que ha ido tomando cada vez más fuerza y adeptos entre los que buscan complementar su alimentación con suplementos que repercutan de manera positiva en la salud del organismo. Sin embargo, los probióticos son resultado de años de investigación científica que se remontan a principios del siglo XX, donde varios científicos han estudiado sus beneficios para que hoy podamos tener una visión más acertada de su funcionamiento y sus beneficios en la salud del cuerpo. ¿Qué dice la evidencia científica sobre algunos de los efectos biológicos más estudiados en relación al consumo de probióticos? ¡Sigue leyendo!

Entendiendo qué son probióticos.

Los probióticos son microorganismos vivos, principalmente bacterias no patógenas, que proliferan por medio de la fermentación de una sustancia. Para que este proceso ocurra se debe introducir bacterias específicas o comunidades de microorganismos en alimentos con las condiciones adecuadas (temperatura, pH, oxígeno, agua, etc.) para que estas fermenten dando por resultado “bacterias buenas” las que al ser ingeridas en cantidades suficientes, mejoran el equilibrio microbiano intestinal y provocan efectos benéficos sobre la salud de quienes los ingieren.

¿Funcionan los probióticos en el sistema inmune?

El sistema inmunológico puede verse ampliamente beneficiado por el consumo de probióticos ya que estos pueden actuar a modo de terapia o bien como prevención en enfermedades inflamatorias. Los probióticos además, tienen un efecto positivo en aquellas situaciones que pueden alterar el balance de la microbiota intestinal como lo son el estrés, los cambios fisiológicos relacionados con el envejecimiento, tratamiento con antibióticos, entre otros. Es necesario saber que, los efectos que un probiótico tendrá en el cuerpo dependerá de la interacción que este microorganismo tendrá con la célula dendrítica, un tipo especial de célula inmunitaria que estimula las respuestas inmunitarias al presentar en su superficie un antígeno.

Los probióticos también modulan la actividad fagocítica del organismo. Es decir, promueven la actividad de las respuestas inmunitarias que están involucradas con la eliminación de patógenos, defendiendo al cuerpo de una posible infección o enfermedad. Se ha documentado que, si personas sanas, eliminan el consumo de alimentos fermentados por dos semanas, se puede ver una considerable disminución de la actividad fagocítica de los leucocitos. Por el contrario, si existe el consumo de leche fermentada con L. Acidophilus o L. Johnsonii por tres semanas, se aumenta la capacidad fagocítica.

¿Funcionan los probióticos en casos de diarrea? 

En el caso particular de la diarrea del tipo viral, son varios los estudios que han comprobado la utilidad del consumo de probióticos, ya que estos disminuyen la severidad de la diarrea y el tiempo de duración que puede tener. Esta positiva acción se explica debido a que los probióticos producen sustancias antimicrobianas (bacteriocinas, peróxido de hidrógeno y biosurfactantes) que disminuyen el pH intestinal y estimulan a los organismos productores de ácido láctico, los cuales favorecen el crecimiento de organismos más beneficiosos.  También se ha comprobado que ciertos probióticos, aumentan la resistencia a la colonización de microorganismos patógenos al competir tanto por los sitios de unión en el endotelio intestinal como por los nutrientes que requieren para sobrevivir y desarrollarse.Se ha estudiado también que los probióticos (especialmente los Lactobacilus) pueden tener una función preventiva respecto a la diarrea asociada con el consumo de antibióticos, diarrea nosocomial (por procedimientos hospitalarios) o la que está asociada a malnutrición.

¿Quienes pueden consumir probióticos?

Tener un sistema inmunológico fuerte en defensas así como un sistema digestivo en buen funcionamiento es vital no sólo en la adultez, sino en diferentes etapas de la vida. Conocer quienes pueden consumir probióticos es vital para sacar el máximo beneficio de las propiedades y la acción que estas “bacterias buenas” provocan en el organismo humano.

El uso de probióticos en los niños resulta beneficioso, en especial, cuando existen antecedentes familiares médicos relacionados con el eczema atópico. Se ha documentado el beneficio de los probióticos en la prevención de esta enfermedad, tanto desde el periodo de gestación a través del consumo por parte de la madre, como también de manera posterior al nacimiento, suministrándolos por vía oral. Por otro lado, también existe evidencia de los distintos beneficios de tratamientos que incluyen bacterias ácido lácticas en niños, en pacientes desnutridos y adolescentes con diarrea.

Por otro lado, en cuanto respecta a los jóvenes y adultos, se ha investigado que las bacterias ácido lácticas modulan el sistema inmune en personas sometidas a estrés y previene infecciones del tracto urinario de mujeres en edad fértil. Además, podría tener un efecto positivo en el tratamiento de la alergia. Sin embargo, aún falta mayor investigación pues los estudios sobre estos efectos siguen siendo controvertidos y la evidencia existente no se considera concluyente. 

Por último, en el adulto mayor los estudios se han focalizado en observar la capacidad de los probióticos para contrarrestar la disminución del funcionamiento del sistema inmune que se presenta a medida que se envejece.

Es así como los probióticos muestran, a través de diferente estudios, la capacidad de modular el sistema inmunológico, prevenir infecciones y controlar procesos inflamatorios. Sin embargo, los resultados en el organismo humano ha demostrado tener diferencias entre uno y otro, ya que hay distintos factores que influyen en sus resultados, tales como la cepa o especie de microorganismo utilizada, la dosis que se consuma del probiótico, el tiempo  y constancia de suplementación, así como las características de cada persona. Teniendo claridad en esta información, se podrá realizar comparaciones y establecer conclusiones que comprueben los beneficios de los probióticos tanto en en el uso terapéutico como preventivo sobre el sistema inmune.